|
|
    
    |
|
Nuestras creencias
La Iglesia Bautista de Villa Morra es una iglesia
cristiana, protestante,
evangélica, y bautista.
- En primer lugar, somos una iglesia
cristiana. La Iglesia Bautista de
Villa Morra es una congregación que existe con el
principal propósito de servir y glorificar al
único y solo Dios, todopoderoso y sublime, y que
subsiste en tres personas: Padre, Hijo, y Espíritu
Santo. Servimos a Dios como creyentes en el Señor
Jesucristo, que reconocemos a Jesús de Nazareth como
el Mesías y el Hijo de Dios, y creemos que en
Él habita toda la plenitud de la Deidad. La cabeza
de nuestra iglesia es Jesucristo, verdadero Dios y
verdadero hombre, y en ningún otro hay
salvación, y no hay otro modo de llegar a Dios si no
es por Él y por medio de las Buenas Noticias que
Él nos ha dado: el Evangelio.
De forma consecuente con nuestro carácter de Iglesia
cristiana, nuestra predicación y doctrinas reflejan
los tres grandes Credos de la Cristiandad: el
Credo Apostólico, el
Credo Niceno-Constantinopolitano y el Símbolo
Atanasiano.
No damos a estos credos un valor normativo o legal, pero
nuestro mensaje es el mismo de esos Credos, y puede decirse
que dichos credos son un excelente resumen del Evangelio
cristiano. Creemos, además, que dichos credos
proporcionan la prueba cardinal de comunión
cristiana, y que todo grupo cuya enseñanza o
doctrina no es consistente con dichos credos no puede
llamarse cristiano.
-
En segundo lugar, somos una iglesia
protestante. De esta manera
expresamos que nos identificamos como herederos
históricos del movimiento de renovación
cristiano conocido como la Reforma Protestante del Siglo
XVI. Aclaramos que no somos renuentes a la unidad con
otros cristianos de confesiones diferentes. Consecuentes
a nuestra herencia, éstos son nuestros principios
básicos:
- El valor de la Biblia. Para
nuestra Iglesia, la única norma de fe y
práctica es la Palabra de Dios, que es la
Biblia. La Biblia es nuestro libro sagrado, y
sostenemos que en ella está el mensaje de Dios
para la humanidad. Creemos que la Biblia, porque es
Palabra de Dios, está libre de error en todo lo
que enseña, y que es obligación de toda
Iglesia Cristiana abstenerse de enseñar aquello
que se prohibe en la Biblia, predicando, en cambio, lo
que la Biblia afirma y enseña.
- El valor de la fe. Creemos que la
fe, que es conocimiento y confianza en la obra
salvadora de nuestro Señor Jesucristo, y un acto
de entrega personal y existencial en obediencia al Hijo
de Dios, es el único modo por el cual el ser
humano puede alcanzar la salvación y la vida
eterna. Sólo la fe puede salvarnos.
- El valor de la gracia. La Biblia
nos dice que el ser humano está espiritualmente
muerto en sus pecados, y que es incapaz de todo bien
sin ayuda sobrenatural. Sólo mediante un regalo
dado por Dios mediante Jesucristo, y que no merecemos,
es que podemos obtener la salvación. Ese regalo
inmerecido se llama gracia, y es el único modo
de obtener la salvación.
- El valor de Jesucristo. Creemos
que nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios y
verdadero Hombre; que es el Hijo de Dios, la Segunda
Persona de la Trinidad, encarnado en el hombre
Jesús de Nazareth, que nació libre de
pecado; vivió en este mundo, sufrió,
murió en una cruz por nosotros, resucitó,
subió a los cielos, y está ahora con el
Padre. Proclamamos que solo Él puede salvarnos,
y que nadie más puede darnos la salvación
o acercarnos a Dios.
- El valor de la gloria de Dios.
Creemos, además, que Dios nos creó y nos
dio la oportunidad de salvación en Jesucristo
solo para su gloria, sin necesidad de ningún
otro motivo, y que precisamente por eso nuestra
salvación no depende de nosotros, sino que
está asegurada en Él.
- En tercer lugar, somos una iglesia
evangélica. Creemos que el
Evangelio llama a todas las personas a una relación
personal con Jesucristo como su Señor y Salvador.
Creemos que cada persona debe responder al Evangelio de
Jesucristo y que es nuestro deber predicarlo hasta lo
último de la tierra con integridad y
responsabilidad, obedeciendo las órdenes expresas
del Señor Jesucristo. Finalmente, creemos que la
relación personal con Jesucristo se expresa en una
profunda transformación de la persona, evidenciada
por la muestra de los frutos del Espíritu y las tres
virtudes teologales: fe, esperanza y amor (1 Corintios 13);
y que esta transformación debe extenderse a la
familia, la comunidad, la sociedad entera y la
nación.
-
Finalmente, somos una iglesia
bautista. La tradición
bautista define nuestra identidad y nuestra
práctica. Valoramos la libertad, la
responsabilidad, el sacerdocio de todos los creyentes, y
la soberanía de la iglesia local. Esta
tradición se expresa en los siguientes
valores:
- El valor de una membresía
voluntaria. La Iglesia sólo recibe como
miembros a quienes tengan uso de razón y
manifiesten su libre deseo de pertenecer a ella. Ser
miembro de una Iglesia bautista no es obligatorio, y no
inciden el nacimiento o la tradición
familiar.
- El valor de una membresía
regenerada. Entendemos que nadie puede
pertenecer a la Iglesia de Cristo sin dar evidencias
creíbles de regeneración cristiana. Por
ello, todas las Iglesias bautistas tienen la sagrada y
solemne responsabilidad de probar a su
satisfacción que cada persona que desee acceder
a la membresía es poseedora del don de la
salvación por la sola fe en Jesucristo,
sólo por gracia y para la gloria de Dios.
- El valor del bautismo
bíblico. Entendemos que el bautismo
bíblico es signo y sello del nuevo nacimiento
alcanzado por el nuevo creyente en Cristo, y en cuanto
tal, es requisito necesario para ingresar a la
membresía de una Iglesia cristiana. Entendemos
que el Señor Jesucristo ordenó realizar
el bautismo de una manera específica y
determinada: solamente a creyentes que estén en
libre uso de sus facultades, por medio de la
inmersión total en agua, y en el nombre del
Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
Además, entendemos que el bautismo
bíblico y válido se puede administrar
sólo una vez. Por esta razón, y por las
razones que mencionamos anteriormente, solamente
bautizamos a niños que den previamente un
testimonio de su experiencia personal con
Jesucristo.
- El valor de cada creyente. Creemos
que cada creyente, por poseer el don del
Espíritu Santo que le es dado por medio del
nuevo nacimiento, es ministro y sacerdote de
Jesucristo, llamado a glorificar a Dios mediante la
proclamación del Evangelio y el servicio
cristiano. Por ello, no tenemos sacerdotes ni
separación entre clero y laicado. Las Iglesias
están gobernadas por ancianos o pastores, que
son miembros apartados por la Iglesia y llamados por
Dios para servirle a tiempo completo, pero éstos
no poseen un estado o condición especial.
- El valor de la Iglesia local.
Creemos que Dios expresa su propósito mediante
la Iglesia local, es decir, la agrupación de
creyentes que se reúnen en un lugar determinado
en el nombre de Jesucristo para dar gloria a Dios en el
culto que Él dispone. Entendemos que la Iglesia
local es soberana, sin organismos que se sitúen
más arriba en su jerarquía. Por ello, no
tenemos diócesis, sínodos, o concilios
especiales. La autoridad suprema de la Iglesia local es
la Asamblea General de creyentes, la cual adopta sus
decisiones por el voto de los miembros en plena
comunión. Las Iglesias locales pueden unirse
fraternalmente a los efectos de colaborar en tareas de
interés mutuo en Asociaciones, Uniones o
Fraternidades, y éstas pueden llevar a cabo
diversas tareas, pero no pueden imponer decisión
alguna a las Iglesias locales.
La entidad que agrupa a las Iglesias Bautistas en
Paraguay es la Convención Evangélica
Bautista del Paraguay.
- El valor de la Iglesia libre. Las
Iglesias bautistas creemos que para la integridad de
nuestra fe y práctica es absolutamente necesario
mantener estricta separación entre la Iglesia y
el Estado. Las Iglesias bautistas no reciben dinero
alguno de ningún Gobierno, y consideramos que el
Estado o cualquier otra organización
política no posee derecho alguno sobre la
Iglesia de Cristo, la cual es soberana y obedece como
única cabeza a Jesucristo como su Rey. Los
bautistas queremos «una Iglesia Libre en un
Estado Libre». Sin embargo, reconocemos y
valoramos el importante papel ejercido por el Estado,
especialmente en su rol de garante de la libertad de
culto y de conciencia; oramos por sus autoridades, y
animamos a nuestros miembros a servir a título
personal e individual en la función
pública, incluyendo a las Fuerzas Armadas.
Esperamos que esta explicación le sea de utilidad.
Si tiene alguna inquietud o consulta, estaremos gustosos de
responderle.
Eduardo Sánchez
|
|